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GUILLERMO PEREYRA
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Los superpoderes

10/9/2026

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"No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va."
​— Séneca
Luci golpeó la puerta de la oficina del profesor con más fuerza de la que hubiera querido. Él levantó la vista de una pila de carpetas y, al verle la cara, dejó todo de lado.

—Vengo de la reunión de equipo del geriátrico —dijo ella, dejándose caer en la silla—. Y salí más confundida de lo que entré.

—Cuéntame.

—Estábamos todos: la kinesióloga, la psicóloga, la nutricionista, yo. Cada una leyó su informe. La kinesióloga habló de la movilidad de Raúl, la psicóloga habló de su ánimo, yo hablé de sus actividades de la vida diaria. Y cuando terminamos, cada una guardó sus papeles y se fue. Nadie conectó nada con nadie. Sentí que hablamos de tres personas distintas, cuando en realidad es un solo Raúl.

El profesor sonrió, no porque le pareciera gracioso, sino porque reconocía la escena.

—Acabas de vivir en carne propia la diferencia entre trabajar juntos y trabajar de verdad en equipo. Y eso me da pie para terminar algo que quedó pendiente: te debo los otros dos superpoderes.

Luci se enderezó en la silla.

—La escucha y la observación ya las conoces. El tercero es la ecpatía, de la que hablamos aquella tarde en la biblioteca: la capacidad de entrar en el mundo del otro sin quedarte a vivir ahí. Y el cuarto, el que hoy nos va a ocupar, es la intencionalidad.

—¿Intencionalidad?

—Vamos primero un paso atrás, a la observación, porque hoy la vas a necesitar más profunda de lo que la usaste hasta ahora. Observar no es simplemente mirar. Cualquiera mira. Observar, en nuestro oficio, es mirar con una pregunta adentro: ¿qué necesita esta persona que quizás ni ella misma sepa nombrar? Tú ya empezaste a notar gestos, posturas, silencios. Ahora te toca ir más allá: observar patrones a lo largo del tiempo, no solo en un momento aislado. ¿Esta persona siempre se sienta cerca de la ventana? ¿Por qué? ¿Siempre rechaza la misma actividad? ¿Qué le está diciendo eso?

La observación seria no termina en la anécdota de hoy: se convierte en información que vas acumulando, cruzando, hasta que empieza a mostrarte un patrón real.

—¿Y eso qué tiene que ver con lo de hoy? ¿Con la reunión?

—Todo. Porque la observación sin un propósito claro se queda en anécdota suelta. Y ahí entra la intencionalidad: cada cosa que haces con una persona tiene que estar alineada a un objetivo. Si no está alineada a un objetivo, no es una actividad terapéutica. Es, en el mejor de los casos, un rato entretenido. Y nosotros no somos entretenedores, somos terapeutas ocupacionales.

Ella se quedó pensando en el taller de sopa de letras que había armado la semana anterior, solo porque a los residentes "les gustaba".

—Muchas veces caemos en esa trampa —siguió el profesor, como si le hubiera leído el pensamiento—.

Armamos actividades lindas, entretenidas, que llenan una tarde. Pero si le preguntas al terapeuta qué objetivo persigue esa actividad, se queda callado. Eso es activismo, no es terapia ocupacional. La pregunta que siempre te tienes que hacer antes de proponer algo no es "¿qué actividad hago hoy?", sino "¿qué necesita trabajar esta persona, y qué actividad me sirve como herramienta para eso?" El orden siempre es importante, primero el objetivo y después la actividad.

—¿Y eso significa que no puedo hacer algo simplemente porque a la persona le gusta?
—No, para nada. El gusto de la persona es importantísimo, porque una actividad que no le interesa no va a generar adherencia ni motivación. Pero el gusto tiene que combinarse con el propósito. Si a tu usuario asignado le encanta cocinar y armas un taller de cocina, perfecto, siempre que ese taller esté trabajando algo concreto: coordinación motora fina, secuenciación de pasos, memoria de trabajo, socialización.

Si solamente la entretiene una tarde y no trabaja nada, no estás haciendo tu trabajo. Estás llenando una agenda.

Se levantó, buscó un cuaderno en su biblioteca y lo abrió sobre el escritorio.

—Por eso la planificación no es un trámite burocrático, es el corazón de la intencionalidad. Evalúas a la persona, identificas sus necesidades reales, defines objetivos concretos y medibles, y recién ahí eliges las actividades y estrategias que te van a llevar a esos objetivos. Sin ese orden, todo lo demás es improvisación disfrazada de terapia.

—Como lo que pasó hoy en la reunión.

—Exacto. Y ahí volvemos a lo que me contaste. Lo que viviste hoy tiene nombre: trabajo multidisciplinario. Varios profesionales atendiendo a la misma persona, cada uno desde su disciplina, con objetivos propios, casi sin comunicación real entre ellos. Cada uno hace su parte y listo. Es mejor que nada, pero es insuficiente, porque a la persona la termina viendo fragmentada: un cuerpo para la kinesióloga, una mente para la psicóloga, unas manos para ti.

—¿Y cómo se supone que debería ser?

—El siguiente escalón es el trabajo interdisciplinario. Ahí los profesionales no solo comparten el mismo paciente: se sientan, comparten información real, coordinan objetivos comunes, discuten estrategias juntos. Siguen trabajando cada uno desde su disciplina, pero con una comunicación genuina, no un simple cruce de informes. Ya es mucho mejor que lo que viviste hoy.

—¿Y el mejor escalón cuál es?

—El transdisciplinario. Ahí las fronteras entre disciplinas se vuelven más flexibles. No solo se comparte información y objetivos: se comparte también parte del conocimiento y, muchas veces, de la intervención misma. Por ejemplo, la kinesióloga te puede enseñar ciertas pautas de posicionamiento para que tú las repliques en tus sesiones, y tú le puedes compartir estrategias de estimulación cognitiva para que ella las use en las suyas. El plan deja de ser "el plan de cada disciplina" y pasa a ser un solo plan, construido y sostenido entre todos, alrededor de la persona. La persona deja de estar en el centro de varios círculos separados y pasa a estar en el centro de un solo círculo, hecho entre todos.

—Eso es lo que faltó hoy.

—Eso es lo que va a faltar toda la vida, si nadie decide construirlo. Y ahí quiero que anotes algo más, porque tiene que ver contigo, no con el sistema: ese salto, de multidisciplinario a transdisciplinario, casi nunca lo da la institución. Lo da alguien. Una persona que decide, en medio de la reunión, no guardar sus papeles e irse, sino quedarse cinco minutos más y preguntar: "¿cómo puedo yo sumar a lo que estás viendo tú?" Eso es compromiso. Y el compromiso, casi siempre, pide un esfuerzo extra: quedarte esos cinco minutos, escribir ese mail que nadie te pidió, proponer esa reunión que no estaba agendada.

—A veces siento que ya doy todo lo que puedo, entre el trabajo, mi hija y la facultad.

—Lo sé, y no te estoy pidiendo que te sobreexijas hasta romperte, para eso ya hablamos de la ecpatía. Te estoy hablando de algo más simple: de la diferencia entre cumplir y ser proactiva. Cumplir es hacer exactamente lo que te piden, ni un poco más. Ser proactiva es preguntarte qué más se puede hacer, aunque nadie te lo haya pedido todavía. Los resultados extraordinarios casi nunca salen del cumplimiento mínimo. Salen de ese esfuerzo extra que alguien decide dar cuando nadie lo está mirando.

Luci anotó eso último, subrayándolo dos veces.

El profesor se quedó mirando su propia biblioteca, llena de libros gastados, y le preguntó, como al pasar:

—¿y tú qué estás leyendo estos días?

Luci lo pensó un segundo, un poco avergonzada.

—Nada, la verdad. Entre el trabajo, mi hija y los apuntes de la facultad, no me queda tiempo para leer nada que no sea obligatorio.

El profesor no dijo nada más sobre el tema. Solo sonrió y anotó algo en su propio cuaderno.

—Eso lo hablamos la semana que viene, ya me voy a casa, pero antes, un poco de gimnasia en el gimnasio de la universidad me permitirá pasar más fácilmente en modo esposo y papá. 

Actividades de implementación

​Ejercicio — Revisa tu última actividad
Elige la última actividad que propusiste en tu práctica y responde por escrito: ¿qué objetivo concreto estaba trabajando? Si no puedes nombrarlo con claridad, ese es tu punto de partida para la próxima planificación.

Ejercicio — Tu equipo, ¿en qué escalón está?

​Piensa en el equipo con el que trabajas actualmente: ¿funciona de forma multidisciplinaria, interdisciplinaria o transdisciplinaria? ¿Qué podrías hacer tú, concretamente, para acercarlo un escalón más al trabajo transdisciplinario?
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    Las crónicas de Luci

    ​En esta sección encontrarás historias de ficción protagonizadas por Luci, el profesor y un anciano.
    Cada historia parte de una vivencia y busca acercarnos, de manera sencilla y concreta, a principios, aprendizajes y estrategias que pueden ayudarnos a mejorar nuestras intervenciones y a seguir creciendo como profesionales.
    Estas historias también están inspiradas en los desafíos, preguntas y aprendizajes que acompañaron mi propio camino como estudiante. Volver sobre ellos me invita a pensar no solo en el docente que quiero llegar a ser,
    sino también en el anciano en quien quiero convertirme.

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